La harina de garbanzos es un ingrediente espectacular que ganó muchísimo terreno en el último tiempo, y con total justicia. Se obtiene simplemente de moler los garbanzos secos hasta lograr un polvo fino, con un color amarillo pálido divino y un aroma que, al cocinarse, recuerda mucho a los frutos secos tostados.
Es un pilar fundamental de la cocina mediterránea (la base de nuestra querida fainá) y una joya para la alimentación actual por sus tremendas propiedades nutricionales y culinarias.
💡 Lo mejor desde el lado nutricional
Pura proteína vegetal: Al ser una legumbre, tiene muchísima más proteína que la harina de trigo común. Es ideal para sumar saciedad.
Fibra a montones: Es excelente para la digestión y ayuda a regular los niveles de energía, evitando los picos de azúcar.
100% Libre de gluten: Es, por naturaleza, apta para celíacos y un ingrediente estrella en las premezclas de panificados sin TACC porque aporta una estructura buenísima.
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