Conoció dictaduras sangrientas y masacres, épocas de revolución y “paces” neoliberales fallidas, incluso una fugaz experiencia progresista. Hoy, bajo el gobierno de Nayib Bukele –el autoproclamado “dictador más cool del mundo”–, El Salvador se ha convertido en un laboratorio global de autoritarismo, como la Argentina de Milei o los Estados Unidos de Trump.
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